El proyecto del tercer trimestre en 5to año de la materia Política y Ciudadanía fue uno de los cierres de año para mí en este viaje que comenzó en febrero, de la mano de Silvia Tolisano. La escala previa había sido la elaboración (exitosa, por cierto) de “podcasts” o “Radio Shows” en 3ero, referidos al análisis y el comentario de un film en particular, vinculados a los temas discriminación y racismo.  En este caso, la idea fue la creación, en grupos de cinco o seis integrantes, de un spot político de campaña. La unidad temática en la que este proyecto se introdujo fue la de “Ideologías Políticas”, y la problemática elegida fue la situación actual del mundo, los partidos políticos y las elecciones en tres realidades conocidas por los estudiantes: Alemania, Argentina y Estados Unidos.

Las instrucciones dadas se referían a la composición de los grupos de trabajo, al formato, al contenido y a la fecha de entrega. Cada grupo debía elegir una “ideología clásica” y, a partir de los núcleos conceptuales respectivos, crear un partido político que presentara un breve spot de campaña ficticio, pero al mismo tiempo realista. El spot debía referir a unas elecciones que, hipotéticamente, acontecerían en el futuro cercano. Debía, asimismo, abordar algunas problemáticas a elección de los propios grupos (como, por ejemplo, educación, seguridad, justicia, derechos, libertades, Estado, impuestos, lugar de la mujer, inmigración, salud, diplomacia, economía, medio ambiente, etc.), y debía respetar la ideología elegida. En este proyecto también, como en el de los “podcasts”, existió una clara diferencia entre la parte técnica-creativa, y la analítico-interpretativa.

Las cuestiones que más me llamaron la atención fueron: la facilidad con que los alumnos manejan las técnicas y los tiempos referidos a la realización de videos y, ante todo, lo increíblemente complejo y rico que puede ser el trabajo de contenidos propios de una materia -ideologías políticas, en este caso- en un ambiente y de un modo no convencionales. Efectivamente, aquí se dio lo más parecido a lo que Ken Robinson cataloga como “El Elemento”. La posibilidad de tener libertad para dividir el trabajo (es decir, las distintas tareas a la hora de escribir, filmar y editar un video) y de apelar a la creatividad, abrió caminos para que el trabajo teórico de la materia se realizara de una manera novedosa, interesante, divertida y sumamente compleja. Intuyo (no lo puedo comprobar al 100% porque debería volver el tiempo atrás y elegir, con el mismo grupo y el mismo tema, una actividad “convencional” para trabajar el mismo tema) que la profundidad a la que se trabajó -por la toma de un compromiso, pero también por la activación de distintas partes (¿acaso hasta ahora adormecidas?) del cerebro- generó un aprendizaje más duradero y, ante todo, significativo, que si YO (y la clase) hubiera trabajado de manera tradicional.

Véanlo ustedes en este maravilloso ejemplo.