La historia: un hobby que entra en mi aula!

Hace mucho que vengo fantaseando con hacer el profesorado en historia. Podría decirse que la historia es mi hobby. Quizás en algún momento lo concrete, pienso que debe haber hermosas maneras de acercar la historia a los chicos.

Como docente de ciencias, honestamente nunca incorporé el relato histórico en mi práctica. Obviamente hay momentos épicos que uno trabaja: el inicio de la química moderna, las teorías evolutivas, la historia de la medicina. Sin embargo nunca salí de lo anecdótico: presentarle a los alumnos como algo menor un contexto histórico, una simpática efemérides.

Lo mismo me sucedía con otros aspectos de la naturaleza de la ciencia: cómo trabajan los científicos, cómo es la ética científica, cómo son los procedimientos de publicación de un trabajo original, cómo se construye una teoría, cómo se la acepta. Como trabajé muchos años en ciencia básica y luego en aplicada, me resultaba particularmente interesante (y hasta un valor agregado que yo estaba en condiciones de dar), incluir en mis clases menciones a estas temáticas, que honestamente le resultan muy interesantes a los alumnos.

Pero nada de esto era parte de mi planificación.

Luego de cursar la maravillosa materia de Epistemología e Historia de la Ciencia como ordenadores de la Enseñanza, a cargo de Gabriel Gellon y Gabriel Alejandro de Simone en UDeSA, todo lo relatado cobra un nuevo sentido.

Comparto fragmentos de mi reflexión final sobre la materia que incluí en el Trabajo Final:

¨Aprendí algo importante que no había venido incorporado conscientemente o sistemáticamente en mi práctica: la importancia de las dos caras de la ciencia. Lamentablemente el curriculum y los programas imponen muchos contenidos (productos) y poco sobre el proceso. (…)  Como enseño no solamente biología, sino también Salud y Adolescencia, continuamente me encuentro con planteos de los alumnos con respecto a la veracidad de ciertas investigaciones (que demuestran cosas que ellos preferirían no conocer), y es complejo hacerles entender a veces que muchas teorías surgen de un proceso muy largo que hace al quehacer científico, que responde a una metodología, a una revisión de pares expertos, que no se tira por la borda lo anterior, sino que se suma y se conoce más. Por eso creo que es fundamental que hayamos hecho presente que este conocimiento y estos pensamientos se tienen que formar desde el inicio. Y que no todo está sujeto a duda, que hay fundamentos sólidos. 

También aprendí que mi relación traumática con la física en mis años de secundaria no se debe a que quizás no era lo suficientemente inteligente, sino que no me llevé bien con el concepto de idealización de la ciencia. En particular recuerdo mi furia con el concepto idealizado de los objetos con movimiento rectilíneo uniforme, sin rozamiento, con masas puntuales. Era “absurdamente irreal”. Tendría la imaginación suficiente para imaginarme superficies lisas y planas como espejos, y condiciones sin aire. Pero no llegué a comprender el porqué de este artificio antireal, porque sencillamente no me enseñaron que la idealización es importante, que nos permite diseñar experimentos, que los sentidos nos pueden engañar y que los modelos nos permiten acercarnos a la realidad. Odiaba la vaca esférica, ahora entiendo su por qué.

Algunos aspectos de cómo son los científicos los he manejado más informalmente en el aula, ya que viví el ambiente de la ciencia durante mis años de doctorado. Los alumnos de nivel secundario suelen encontrar muy interesantes los relatos del “backstage” de un laboratorio de investigación básica, o de los vericuetos de índole ético-administrativos de la investigación clínica, mis dos áreas de experiencia. Por eso creo que es una oportunidad excelente para acercar la naturaleza de la ciencia a los alumnos, de manera sistemática y planificada conscientemente. Para que tengan confianza en la comunidad científica, mientras viven en un mundo lleno de mensajes contradictorios, búsquedas de intereses en lugar de verdades, un mundo en el que la mezquindad es omnipresente y el saber de unos pocos. Un universo que nos bombardea con teorías conspirativas.

(…)

Por último, quiero destacar que aprendí que no siempre es necesario ir al laboratorio a hacer experimentos, que los recursos históricos, los experimentos que cambiaron la historia de la ciencia y que son irreproducibles, se pueden presentar de una manera atrapante a través de viñetas o narraciones que apelen a las emociones, los transporten en el tiempo, y les permitan a los alumnos ponerse por unos momentos en los pies de aquellos grandes. Siento que a veces en la escuela hay presión y presión por “aprender haciendo”, que por supuesto es importante. Pero no es la única manera de aprender, y pienso que es mucho más valioso para los chicos aprender a partir de una buena narrativa de un momento histórico que ir al laboratorio a hacer experimentos desde un enfoque puramente exploratorio, demasiado abierto con el objetivo de ser creativo, pero en donde no se logra el aprendizaje esperado.

Es posible que se objete que dedicarse tanto a la naturaleza de la ciencia, además de la necesidad de transmitir contenidos, lleva mucho tiempo. Yo pienso que es posible, pero que definitivamente vale la pena.¨

 

One Response

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  1. Silvia Rosenthal Tolisano 15th junio 2019 at 11:29 am | | Reply

    @Evelyn
    Creo que es parte de nuestra creatividad es poder conectar diferentes pasiones que tenemos y relacionarlos en nuevas formas para nuestro propio aprendizaje y el de nuestros alumnos. Es justamente como podemos ampliar nuestro mundo y hacer esas conexiones que nadie más puede ver o nunca pensaron en ligar!

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